miércoles, 25 de marzo de 2009

"Jade Goody es la primera estrella mundial de la telerrealidad"

Max Clifford, el representante de la "gran hermana" fallecida, aseguró que su funeral había sido un espectáculo

foto: elpaís.com

El mito televisivo

De todos los concursantes de programas televisivos de telerrealidad o realities del mundo, Jade Goody era la mejor candidata para convertirse en un mito dentro del mundillo de la "caja tonta".
Ha pasado por todas las fases necesarias para la mitificación:En primer lugar, una persona normal con un oficio normal (enfermera dental) pasó de ser, de la noche a la mañana, uno de los seres humanos más famosos en el Reino Unido.
En segundo lugar, adquirió el papel de mala o de "enemiga pública" cuando profirió insultos racistas a otra concursante de nacionalidad india. Además de ser conderada como una persona falta de cultura, con malos modales y gran desfachatez.
En tercer lugar, pasó a ser la buena de la película cuando realizó una serie de acciones supuestamente humanitarias en la India, donde fue para participar en el Big Brother indio para redimirse de sus pecados.
Por último, hizo el acto final que todo mito cumple, el de morir joven. Como hicieron en su momento gente con James Dean o Airton Senna (aunque no tengan nada que ver). Y además permitir a las cámaras que grabaran su agonía.

La paradoja del "negocio de la muerte"

Se puede decir que la muerte de un ser querido es siempre doblemente dolorosa, por un lado está la pérdida de la persona amada, y por otro, la pérdida del dinero en las funerarias. Pues bien, Jade ha conseguido dar la vuelta a la tortilla, ha conseguido obtener unos beneficios de su defunción en favor de sus hijos, nada más y menos que 4 millones de euros.

Suspenso en ética de los medios

El problema es que el "Caso Jade Goody" ha supuesto, en mi opinión, una violación de los criterios deontológicos que deben tener los medios de comunicación, principalmente por la banalización de un tema tan serio como es la muerte.
Además, la retransmisión en televisión de los últimos días de Jade significa llegar al colmo del morbo. En relación a esto, el filósofo español Gustavo Bueno pronunció unas palabras en La Nación, con las que estoy totalmente de acuerdo. Me parecen muy coherentes sus reflexiones: "es el triunfo del mal gusto", "el 'caso Goody' es consecuencia de la pérdida del buen gusto y de los valores estéticos. Y esto, a su vez, es consecuencia de la sociedad del consumismo y de la sociedad del espectáculo".
Y lo que es más grave aún, el tratamiento por parte de los medios de este caso puede llegar a convertir a Jade Goody como un modelo de conducta, un personaje ejemplar, algo indeseable.


Enlaces a interesantes:

La muerte de Jade Goody no pone fin al espectáculo
ElPaís.com

Más de 4 millones de euros son el legado de Jade Goody para sus hijosElPaís.com

Entrevista a Gustavo BuenoLaNación.es

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